No debemos echar todas las responsabilidades a los cambios que a muchos nos desagradan; pero sí veo un factor Global responsable de los cambios como es la pérdida de Identidad y los Paradigmas “emergentes” sin orientación científica de primera mano en aquellos mismos lugares donde la Identidad se va confundiendo con la Invasión Cultural del pensamiento, de las ideas, de las costumbres y hasta del propio marcador genético. No sólo es responsabilidad externa, sino también de nuestra parte cada vez que nos alienamos a las conductas de las masas.
Sin dejar por fuera a los egipcios, de ir a Italia por supuesto que buscaría una “barbiere” porque éstas, en mi país, son el origen natural de las barberías nacionales. En la Caracas de mi niñez a las barberías sólo les faltaba el letrero de “Se Habla Castellano” en las vitrinas. Todos los equipos tenían su sello de origen en el mapa de la bota, desde las sillas hasta las bombitas esféricas con extensión parecida a las de los tensiómetros, pero hechas de goma roja. Las barberías tenían un olor particular producto de la mezcla amalgamada de brillantina, alcoholado glacial, Jean Marie Farina y otras aguas de colonia, crema de afeitar, loción para después de afeitar y por supuesto a cigarrillo con humo concentrado.
Las barberías con su poste giratorio de tres colores en espiral se iniciaron principalmente en la Plaza San Jacinto cerca del centro de la Capital, en especies de quioscos que también estaban rodeados de elevadas sillas fijas para aquellos que ya usaban calzados de cuero y suela que requerían de lustrado. En esa primera década del año 1800 la barbería moderna se coleó en nuestra identidad. Digo que se coleó porque ya antes había algunos expertos en el afilado de navajas logradas de diferentes materiales y objetos provenientes de los reinos Animal y Mineral, que eran implementos propios para atreverse al afeitado de cabellos y barbas en tertulias donde se hablaban “cosas de hombres”.
Las barberías eran parte de la formación de los varones, como los Salones de Belleza lo eran para las hembras. Esos segundos tenían olores diferentes a las barberías de hombres; en las de ellas resaltaba el olor de laca pegajosa y del desriz cuyo olor se aproximaba al “marrón 25” (léase mierda). Yo los miraba, a los salones, como centros de reunión para alienígenas: los secadores de pelo eran unos enormes cascos donde las mujeres encerraban sus cabelleras enrolladas de tubos de malla, algunas tenían papel de aluminio envolviendo sus cabezas y el sudor estaba presente por el calor intenso que irradiaban esos secadores de pedestal. Yo extrañaba a mi mamá cada vez que se iba de peluquería… si hoy se tardan, calculemos el tiempo en aquellos años.
Hubo un tiempo en el que se iban perdiendo los barberos, los años no perdonan, fueron sustituidos por sus hijos e hijas. Cambiaron el radio fijo por el televisor en una esquina. Ya no se escuchaba el boxeo ni los juegos de pelota, ni las carreras de caballos, tampoco los resultados de las loterías; pero se peleaba cuál canal de televisión sería el protagonista del día ¿Novelas o noticieros o Renny Presenta? Un simple detalle de aceptación que fue parte de los cambios en la formación de ellos diferenciados de ellas con la incorporación del secador de pelos, el lavacabezas, las pinzas y otros ganchos… hasta que se volvieron en esteticistas unisex.
Digo y acepto que la vida es cambiante; pero esos asuntos de la Identidad deben conservar la ancestralidad. Mi papá, durante años, fue quien me llevaba al barbero. Me dejaba decidir el corte que quería me hicieran, así fuese él quien pagaba la cuenta. Por costumbre continué visitando al mismo barbero en el piso 1 del CC Country, sólo cambié durante mi permanencia en el liceo militar. Al regresar a Caracas visité la misma barbería hasta que el barbero falleció.
Han pasado lustros desde que las barberías dejaron de ser sólo para varones, pero ya en la segunda década del s. XXI la memoria genética llama presencia a uno de los primeros oficios de la humanidad, el barbero. Tal vez nuestro futuro muestre renovada la Identidad cuando hoy se observa el resurgir de la barbería como lugar para hablar de deportes, de política, la mecánica de carros, de mujeres y cómo conquistarlas, además el barbero va retomando su posición de hombre importante, respetado y distinguido en la sociedad.
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Leyendo también es una forma de visjar.👏👏
ResponderEliminarAsí es, de hecho el mundo de la imaginación es 100 veces más grande que la realidad, eso según el Gita. Gracias por siempre comentar
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