Por Jacinto Sergent
Nuestra lengua es algo compleja, a veces suena como el estallido de una granada fragmentaria, se riega ante los ojos y pensamientos de las personas que en cierta manera mantienen sintonía con nosotros –lo sepamos o no- quienes también crean enlaces que van y regresa entre todos los que decidieron tomar para sí uno de esos fragmentos de oraciones y verbos, orales o escritos, principalmente en este último caso. La extensión de nuestros pensamientos en letras que sueltan amarras y nos delatan de lo que solamente nosotros sabemos la verdad y también en las verdades que creen los demás en sus pensamientos.
Nosotros tenemos recuerdos de verdades vistas o vividas desde nuestros ángulo subjetivos (es 6 o es 9). Viajan a nuestra velocidad si son nuestras verdades con sintonías en otros presentes o tal vez sean recuerdos creados desde nuestros sueños que muchas veces bautizamos deseos o quizás a la inversa, pero que su velocidad es tan vertiginosa que la realidad del presente crea la historia con cada recuerdo, en detalle, en autoengaño que terminamos por asegurar que es la verdad aún con la inexistencia de testigos. Pero las creaciones de nuestros pensamientos son espectaculares, yo las amo, en especial cuando se trata de amores porque esos son los sueños más hermosos del mundo onírico.
Podemos soñar como complemento de amores verdaderos, eso es de tanta pureza que interiorizamos a ese amor -que tal vez duerme a nuestro lado- en nuestro manicomio personal, ese que procuramos no compartir con cualquiera. Muchas veces estamos junto a ese amor auténtico pero igual soñamos romances, no de atracción sexual, sino de amor “amor” de esos que nos vuelve estúpidos y la razón se vuelve felicidad por la emoción. Y deseamos a nadie más para amar. Y deseamos a nadie más para estar. Y deseamos a nadie más para vivir. Y nos volvemos el aire uno del otro a sabiendas que sin aire no se puede vivir. Y nos volvemos Uno… ¿de eso es que se trata el amor?
Así también creamos los detalles de esos amores deseados, algunos nacidos de las atracciones sexuales que son sólo pieles, olores, rostros y feromonas, esos amores efímeros que desaparecen después del tercer orgasmo y nunca entendemos que fue lo sucedido y lo lamentamos ¿Por qué desapareció? Pero a los pocos meses, días horas y hasta antes del tercero ya teníamos la atención en otro diferente… orgasmo. También creamos detalles de esos amores deseados que provienen de pinceladas reales, atracción inexplicable hacia otra persona, nos vemos junto a ese otro ser sin fantasías porque queremos realidades y procuramos acercarnos a esa alma en su autenticidad humana, allí queremos compartir orgasmos de Atman, de los dos.
Ensoñamos buscando realidades, sentimos su presencia, su aliento, la vibración de su esencia atómica, nos trasladamos en viajes místicos para abrazarnos y se siente real, se siente comodidad. Existe una sintonía entre dos porque ese deseo de amor nunca llega en solitario. Está embarazado de curiosidades por saber, por conocer, por pretender, por querer comprometer los pasos que deben ser decididos y dar a luz. En esas ensoñaciones se perciben las diminutas arenas que las brisas marinas levantan para impactar en nuestros rostros como indicando que puedes vivir más que un sueño. Cuando se construye ese amor deseado desde nuestras ensoñaciones afirmaremos que…
…vive en nosotros y conoce nuestros secretos.
Imagen: Eagle Mountain International Church Inc

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