Por Jacinto Sergent
Andar sin humor no significa que estés enojado, sino, más bien, que casi nada de lo suceda a tu alrededor te
afectará emocionalmente. Estar sin humor tampoco significa que tu entorno no te haya afectado, sino que de tantos aconteceres comienzas a crear una coraza que borra, por momentos, sin que lo notes, la sonrisa más feliz que te era causada por el simple hecho de despertar a un nuevo día. Algunos de los ingredientes que se llevan tu humor, y no son los únicos, son la decepción, la frustración y el sentirte minimizado (o excluido como dirían los izquierdosos acérrimos). Estar sin humor es una forma de limbo donde te instalas meditabundo, sin perder el tiempo, a esperar el rayo de iluminación que te permita seguir adelante desde donde estás con la esperanza que el entorno no sea la interferencia en tu sendero.
Los senderos corresponden a cada quien y lo ideal es que las piedras encontradas también pertenezcan al caminante, así sean los escombros de otros. Muchos gurúes del Crecimiento Personal insisten en que todo es debido a nuestro estado personal, culpándonos o responsabilizándonos a cada quien por los sucesos que nos llevan a vivir el momento. Sí, existen personas que manifiestan su interior como su realidad. Existen tanto Calimero como Piolín, endilgando su desgracia a los demás o exagerado en su autoconfianza que le crea Positivismo Negativo. Lo peor del caso es que son muchos Piolines promotores del Positivismo Negativo aun cuando a ellos mismos no les ha funcionado; pero suenan bonitos. Como también los Calimeros, quienes de tanto culpar al entorno terminan envueltos en una exquisita mayéutica que les limpia el camino para lograr sus sueños.
Cuando el hombre dejó las cavernas para compartir -en vez de pelear por- los alimentos encontrados con los miembros de otras cavernas, nacieron la civilización y sus Oportunidades. Se unieron los clanes para crear Fortalezas. Todos salieron crecidos, nadie quedo minimizado. La Autoridad compartida entre el hombre (la fuerza) y la mujer (la consejera), cada quien cumpliendo alguna tarea específica dentro de su organización, sólo que a nadie se le ocurrió hasta entonces desmembrar la comunión o la familiaridad del Grupo. El Poder Social lo tenía la mesa o esos momentos de sentarse a comer juntos. La Jerarquía creaba Oportunidades para que cada miembro del Clan viviera “motivado” positivamente en los logros de esa naciente “sociedad” y de alcanzar sus metas personales.
“…el peor fraude es decepcionar constantemente las expectativas. Generar falsas ilusiones es el camino más directo al pesimismo y la desmotivación” (Belén Varela). Esto queda muy claro cuando entendemos que las Oportunidades en realidad nos llegan desde el orden y políticas creadas desde la mesa del jefe del clan, así todos comamos en las mesas de nuestras metas personales, ese es otro orden que se sostiene al seguir las directivas de la mesa grande. No es fácil luchar cuando sigue existiendo incertidumbre, cuando ya no se pueden recoger ni compartir las cosechas silvestres porque los paisajes fueron arrasados por “pirañas”. Es decir que de no contar con “liderazgos” que nos insuflen verdadero Positivismo que nos llene de esperanzas frescas, seguiremos sin poder servir nuestras mesas particulares por mucho Valor, Ganas y Corazón con que emprendamos.
Todo queda a la deriva pasados los primeros tres meses si no cuentas con políticas que te permitan “sobrevivir”. No se trata de llorar al mejor estilo de Calimero, cuando los hechos son realidades y contagia hasta aquellos para quienes la existencia favorece en todo, mientras nuestras emociones son tragadas por el cáncer del Positivismo Negativo convertido en troyano de falsas ilusiones. En ocasiones preferimos entrar en el limbo porque el Wu Wei nos parece más difícil de entender y diferenciar del no hacer nada. Es que no es momento de actuar y mucho menos para defender. Mientras tanto muchos clanes y sus mesas, luego de andar sin humor, minimizados, decepcionados y frustrados, recuerdan que vivimos un “Realismo Mágico” donde la pregunta del coronel de García resuena y de antemano sabemos que la respuesta es “mierda”
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