Por Jacinto Sergent
Existen muchas diferencias entre las realidades del tiempo, por ejemplo: el venezolano que emigró ayer se llevó vivencias, aprendizajes y recuerdos de la Venezuela de Ayer; el venezolano que emigró hace dos semanas se llevó vivencias, aprendizajes y recuerdos de la Venezuela de hace dos semanas que es tan diferente a la Venezuela de ayer, a su vez es tan otra a la Venezuela de hace 20 años de distancia al diciembre recientemente pasado, a varios Años Luz de las historias incompletas e inconclusas que les hayan podido contar familiares directos y amigos, sumándoles la confusión del maquillaje “Venezuela se arregló”.
De algo estoy bien seguro, los venezolanos que emigraron por el mundo, los nuevos judíos o jodidos rechazados y mal vistos, aunque NO en su mayoría, esos a quienes sí les importa “el qué dirán”, pasan algo más que roncha en medio de aquellas costumbres no tan nuestras ni adoptadas que quienes aún pasamos malos ratos inmersos entre nuestras paredes y techos. Si aún habitáramos en los tiempos del “tá’ barato dame dos”, bajo la misma estampida de millones de almas, es 99% probable que las remesas serían a la inversa, es decir que algo nos falta a los de aquí para ayudar a los de allá… medios de producción, porque la cultura productiva y el instinto de supervivencia ya los tenemos.
Las historias de xenofobia, maltratos, acosos, agresiones, “analfabetismo” por falta de recursos suficientes para poder revalidar “títulos”, racismo, y la extensa lista de etcéteras, guardados en el aura bajo el mayor y estricto silencio, como para vivir sin darse cuenta por sí mismos de la decisión tomada en el peor momento. Ciertamente el dinero ganado en otras monedas puede ser ahorrado para planificar el futuro, sólo falta saber si en realidad pueden ahorrar. Regresar al país con 50 mil de la divisa norteamericana se escurriría en pocos meses tan igual como se escurrieron recién llegando al destino con igual cantidad.
Si esta no es su historia solamente no se sienta identificado, nadie le obliga a que así sea (en todo caso oriente al venezolano que tiene cerca y no lo joda); pero muchos de quienes están afuera la están pasando mal, tanto o más que quienes estamos dentro; pero nos acostumbramos desde chiquitos a no reconocer nuestras penas… por vergüenza. Muchos de quienes celebran juntos “cuando logran hacerlo” es precisamente porque “no pueden hacerlo”, pero “hay” que guardar las apariencias. Los de aquí preferimos ocultar nuestro verdadero estado para que los de allá no piensen que les estamos pidiendo, nuestro silencio nos gana a no ser apartados por “mala-vibra”. A diferencia, los de aquí, somos los primeros en aportar cada vez que alguien requiere de recursos para costear sus males propios o ajenos en aquellas descomunales clínicas que no cuentan con el profesionalismo de nuestros mejores médicos que hoy recetan deliveries
Lamentablemente “los venezolanos” no leemos en Metonimia, así digamos “algunos venezolanos”, siempre saldrá alguien ofendido reclamando que fue lanzada una granada y un fragmento le alcanzó; pocos leemos entre líneas el mensaje inferido o el propósito real de lo expresado. Algunos se escapan de la Identidad, no se logra observar que la cultura es viva, la lengua es viva y tanto aquí como afuera, precisamente por ser vivas, se transforman, evolucionan. Somos crisol estando aquí y también acrisolaremos por allá. El asunto trata de no ser el protagonista único, sino de compartir el rol. A todos nos afecta el aquí y el allá aunque muchos no encuentran otra manera de afrontarlo que dar la espalda o tapar el espejo.
Los venezolanos siempre seremos venezolanos. Creo parafrasear al Cappy Donzella, me perdonan si es de otro, al afirmar que somos “Venezolanos Ante Todo”. Por mi lado paterno, el bisabuelo nació en Italia pero nunca fue naturalizado venezolano, ni siquiera tuvo cédula de Identidad porque no existía el documento en aquel tiempo; leí un epistolario donde él se definía venezolano. Mi tatarabuelo nació al Sur de Francia y mi cuartoabuelo al Norte de Francia, pero de ascendencia Dano-Noruega que hoy ni siquiera existe. Mi papá y mi abuelo nacieron en Ejido ¿de dónde soy? Nací caraqueño, pero pasé más de la mitad de mi vida en La Victoria de Aragua luego de izar velas a los cuatro vientos. He aprendido a adaptarme al lugar y respetar sus costumbres e identificarme hasta en lo topográfico. De regresar a Caracas, a estas alturas, no sería 100% caraqueño, como tampoco soy 100% victoriano, ya no sería ni siquiera oriental a juro, ni en Mérida sería merideño.
El maíz es “americano” tanto como cada uno de sus productos, la arepa es uno de ellos y sus rellenos han variado desde el Macuro de Colón a la fecha. Nuestra embajadora arepa, en los lados de China, la rellenan con Fu Yung, por fuera venezolana; por dentro china. Así vamos nosotros. Lo dirán los años ¿Dónde queda la Venezuela arreglada? Nuestros Puntos Cardinales andan sueltos, nos quedan muchos paisajes y gentes haciendo más crisol que en el pasado; pero aquel restaurant del aire volvió a pisar tierra; nuestros grandes concertistas e histriones andan por otras tablas, el arreglo es traerlos importados con otras nacionalidades y realidades. Mientras tanto es favorable que los venezolanos, donde estemos, seamos como siempre el mejor rostro de nuestra bandera.
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