No tengo idea de cuantas veces he escrito acerca del tiempo. Ese señor siempre está presente, en toda la descripción de la oración, esperando bajo la lluvia, y te caiga un palo de agua encima. Esta vez me permite interpretarlo de otra manera siendo parte de las mismas interpretaciones del pasado, el tiempo estático y quien quita que también estática; quienes se desplazan somos nosotros y esta sería la nueva interpretación.
El tiempo no nace, no crece, no se alimenta, no se enamora, no se reproduce (que sepamos) ni muere; nosotros, sí. Aunque pretendamos muchas veces “matar el tiempo”, resulta que sólo suicidamos un momento propio en nosotros mismos, el tiempo sigue siendo tiempo, nosotros no. Hasta envejecemos mientras el tiempo sigue siendo tiempo.
No he visto tiempo niño, ni viejo. Esos que representan el Año Nuevo y Año Viejo corresponden a cuentas humanas. El tiempo es demasiado dueño de sabidurías para crearse un final de los tiempos, ni nuevo, ni viejo. Es de tanta sabiduría que no interviene en nuestros peos, de si lo aprovechamos o lo perdemos, total él siempre está allí, inamovible, inmutable.
Se trata de eso “siempre está allí” y nunca interviene, “inamovible” y nunca lo puedes alejar. Para el tiempo es posible estar en tu pasado en presente, es decir que para ti pasó, para él nunca dejó de ser, y estás allí, en presente. Paradojas de tiempo, que si no las conciencias en presente vuelves a caer en ellas aun cuando antes te hayan arruinado la existencia, ahora será un ciclo repetible hasta tu última ruina.
Si es por afectos, mejor que los afectos se queden por allá en ese tiempo, siempre perseguirán y volverán al error mismo. La ilusión humana. La vida humana, aún con experiencia, es “maya” en sánscrito, sin embargo decimos que aprendemos con el tiempo, nos mentimos en eso del autoconocimiento.
Nada como el momento actual, sin apegarse porque en segundos, breves instantes, en un suspiro tras las milésimas de segundo de un parpadeo queda atrás. Es fácil escuchar y repetir “vivamos el momento, vivamos el ahora”; pero hay que estar bien metido en el instante y debe ser tan emotivo y relacionado con los aprendizajes pasados para entenderlo y vivirlo sabiendo que también pasará.
A veces escucho en mi mente letras de canciones de las que nunca fui seguidor, pero las conozco como si sonarán al compás del presente, pero son parte de ese pasado inamovible. Algunos hilos se rompen antes de ensartarse en las agujas, tal vez se conservan en capsulas de tiempo en suspensión criogénica de lo que pudo haber sido ese instante con esa costura. Algunos dirán “es lo que fue o será”.
El asunto cambia cuando ese hilo se presenta a manera de déjà vu y no se rompe, crea la paradoja del “ahora sí” sin cambiar lo que fue, enlazando ese asunto pendiente. Entonces no fue lo que fue. Era que debía ser desde allá. O el desconcierto de lo que fue mientras no debía serlo… pero somos humanos porfiados a fin de cuentas.
Sale alguien y dice “quien persevera vence”. Pero no se anticipa para quién se trabaja, como cachicamos y lapas. Mil hojas atrapadas en tiempos de yo no sé qué, que ahora sólo son adornos petrificados. Mejor que las “mil horas” esperando como un perro y luego te “miren y te digan loco, estás mojado, ya no te quiero”. Eso ya no tiene importancia, hoy sólo somos individuos en sociedades ausentes.
Tiempo en Reversa
Amar en la distancia es como amar en secreto, porque el sentimiento aguarda el cruzar de las esquinas para retar el tiempo.
El tiempo te reta y gana, te toma un día para juntarte y dejar la inmensidad de recuerdos que no conoces… y amas… en secreto… sin saber ni siquiera el por qué.
¿Por qué amar en la inmensidad del tiempo que juega a las escondidas? Vuela, tiempo, en la reversa que se logra en espacios mentales.
Espacios mentales, en secreto… sin saber por qué aguarda el cruzar de las esquinas para retar el tiempo.
Imagen Chalupa 1963

Comentarios
Publicar un comentario