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OSTRACISMOS Y NAUFRAGIOS

 

Por Jacinto Sergent

 

Naufragio

El concepto es que naufraga una nave que navega, sólo que no hemos revisado o adaptado al presente –donde todo cambia- lo considerado nave y el espacio por donde la misma se desplaza. Desde hace millones de años la tierra es redonda, pasó a ser plana cuando el hombre comenzó a darle uso a su materia gris y después de muchas hogueras –a orillas de playas y también muy alejadas de estas- zozobraron intelectos en océanos de fuego por volver al pasado, a la tierra redonda. Nuestra realidad, vista desde afuera, luego de cálculos, muchos números astronómicos, en naves que flotan por los aires y sin ellos, en mares de vacíos, descubrimos que la tierra es de agua, y sus navíos seis continentes de tierra y árboles y nieves.

Los continentes naves, llenos de aguas a su vez, donde también se navega y se naufraga en aguas que llegan a mares y océanos, donde las extensiones son esas aguas saladas que se llenan de aguas dulces, dulces y saladas observadas por marinos, astronautas y argonautas modernos en sus Argos de creencias con 100 ojos en sus pensamientos vigilantes, preparados para no zozobrar en las nuevas inquisiciones. Tal vez los faros sean como los primeros, columnas de fuegos para señalar las rocas puntiagudas que brotan del mar sin ser estalagmitas nocturnas. Otros aprovecharon sus tizones para vengar la naturaleza creadora de esa tierra plana con caídas libres en su horizonte circular.

¿Qué se harían aquellos naufragios y náufragos que cayeron por aquel abismo ilusorio? Tal vez flotaron en las aguas de la nada y la vacuidad. Tal vez fueron rescatados por algún astronauta que pasaba por allí y regresados como Dioses venidos del Olimpo. Las ofrendas y las flores para esos náufragos ¿En cuál forma las reciben? ¿Siguen con vida o no? Hay tantas maneras de estar muertos en naufragios de tierra firme: náufragos de ciudades, náufragos de soledades y el peor de los naufragios en carne de los sentenciados por sí mismos al ostracismo. Los quedados y dejados atrás, si no se sienten náufragos de las esperanzas y de sus sueños… los desterrados son sus corazones.

 

Naufragio Incidental

El 26 de febrero de 2023, antier, pasé un buen rato o varios buenos ratos, pensando en mi ancestro Pierre (1722 a 1842), mi cuartoabuelo, francés descendiente de “dano-noruegos” un Reino que ya no existe unido. No puedo hablar de recuerdos porque sólo tengo referencias de su historia y que llevo su apellido. Desconozco la certeza de la herencia de recuerdos y esta vez lo digo por genética, aunque existe la posibilidad que algunos instantes de fuerte impacto emocional sean heredados genéticamente. Total, hay quienes creen que están atados de “Hilo Rojo” sin tener ancestralidad nipona, otros se van por la “reencarnación” y se buscan entre la propia familia (si fuiste malo puedes haber hecho vida en común como cucaracha voladora), otras más vigentes dicen que es transmigración del alma… los ortodoxos esperan la resurrección.

Los hilos rojos se ven bien en cuerpos femeninos vivos, al menos para mi gusto. Pero lo cierto es que manejo un dejo de sincretismo entre los pensamientos de Darwin,  Descartes y un “hilo” de Einstein: somos evolutivos, somos duales de cuerpo y alma inmortal, tal como Albert “creo en el Dios de Spinoza”. De allí que prefiero aceptar la “coincidencia” del recuerdo histórico fechado en 26 de febrero de 1815, cuando mi pariente -quien obtuvo alto rango oficial del Grande Armée- inició, junto al “Desterrado de Elba”, su travesía a bordo del barco Inconstant, para regresar a Francia. Llevo a mi ancestro Pierre, como mi lado naufrago incidental que quiso hoy ser recordado, aunque no fueron tan malos sus momentos mientras le tocó su ostracismo por los lados italianos. Un náufrago continental en mi memoria.

No siempre aparece algún personaje incidental, por eso hay que recordarlos “incidentalmente”. Hay que tomar consciencia, como dicen y repiten en las redes “si alguien llegó o pasó por tu vida, tiene o tuvo una misión por cumplir o un aprendizaje que dejarte”, el asunto es saber cuándo pasó y descubrir esa misión cumplida en los peregrinajes de avenidas, o seguirá por ser otra grabación que se autodestruyó en cinco segundos de tiempos perdidos que se vuelven karmáticos y constantes “déjà vu náufragos incidentales”. Tal vez las realidades no son encontradas en las profundidades junto a los barcos hundidos, sino arriba en la superficie, a la vista de la relación ver-recordar. Un náufrago en una playa sentado mirando los hilos rojos pasar… ¡hum!

 

Naufragio Ocasional

La tierra es redonda y llena de agua, si te mantienes alejado de las aguas no habrá naufragio posible. El cuerpo humano también es agua, dicen que en 80%. Descartes “cuerpo y alma” pero no habla de porcentajes, Darwin… que salimos del agua. Con Einstein no me meto. Quizás él hablaría de la Relatividad del Naufragio. De la ocasión y transcurrido el tiempo estoy en el camino correcto, no en el mío, sino en el de quien se acerca. Tal vez son las velas de un barco que regresa sin haber sido naufragio, sino un cambio de dirección, la relatividad de la ausencia, un náufrago del tiempo. Tal vez algo encalló y se detuvo el tiempo en misiones de aprendizajes antes de abordar el Caronte del “siempre para la vida” ahorrar un óbolo en vez de ir al Hades.

Un instante de reflexión en la casa del naufragio ocasional para pensar y vivir nuevamente de recuerdos y sueños que una vez fueron incidentales o sencillamente no fueron. Revivir silencios de romances naufragados que dejaron pasar la ocasión de cuanto debió ser. Ser el barquero en cuerpo y alma, sin bolsillos, con esperanzas, decisiones y acuerdos de meñiques cruzados infantiles sin maldades, cero en expectativas, frente al oleaje, sobre la arena, tal vez la piel en bronce, con la fuerza del pasado en presente y la “Laguna Azul” en silencio mental porque pasó el momento de soñar. Las distancias se acercan, los caminos se cruzan, no es improvisado naufragio, no es antojo del destino, continúan las travesuras del tiempo. Todo es ocasional.

La imagen de un náufrago, es la de un ser solitario, desaliñado, confundido entre sus propios huesos y andrajos, aislado, olvidado por los demás, olvidado de sí mismo, desesperado, ansioso, ahogado en pensamientos y con la única expectativa de ser rescatado. Por suerte en los naufragios los espejos son sólo para hacer señales de luces y no para mirarse. No siempre el naufragio es en solitario; pero si la compañía es para lamentos regresa la soledad. Algunos naufragios ayudan a encontrarse con el propio yo olvidado. Aunque algunos naufragios buscados son necesarios en compañía, para encontrarse dos y volverse cómplices. Naufragio para dos, sin hilos y muchos atardeceres con sus noches corridas hasta el amanecer.

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